¡Una tarde de locos!
Voy aprovechar este espacio para contarles una anécdota que viví con una amiga a la que muy pocos de ustedes conocen, al igual que a mi, ya que ingrese al colegio este año y recién estamos conociéndonos.
Transcurría el año 2003, cuando yo tenía 11 años.
Estábamos en la casa de mi amiga de toda la infancia y mi adolescencia, Daniela. Jugando como muchas otras tardes, en las que nos dedicábamos a fabricar perfumes recolectando flores de su jardín, triturándolas con un mortero y luego colocándolas en botellas con agua, o inventando historias que representábamos.
Pero esta tarde tuvo un toque especial que vive en nuestro recuerdo.
Aburridas de hacer siempre lo mismo se nos ocurrió jugar a la pelota en la terraza, sin pensar que el lugar no era muy apropiado. Empezamos haciendo pases, y sin darme cuenta le pegué tan fuerte a la pelota que termino en la terraza de la vecina y como era la hora de la siesta no le podíamos tocar timbre, por lo que empezamos a planear estrategias para recuperarla.
Daniela pensando que la pared que dividía la terraza no era muy alta, la salto; una ves del otro lado, logro devolver la pelota y se dio cuenta que no podía regresar, ya que la terraza de la vecina estaba en un nivel más bajo, y superaba su estatura. Ella nerviosa, yo tentada y al mismo tiempo desesperada, no sabía como hacer para ayudarla. Después de pensar un largo rato Daniela vio un cable que estaba en la terraza de la vecina y me lo tiró para que yo haga fuerza y ella pudiera treparse y subir. Intentamos varias veces, pero no logramos nada. Luego probamos hacer lo mismo pero con una vara de metal larga; tampoco resulto. Sin saber que hacer le dije a mi amiga”Bueno baja y explícales a los vecinos lo que paso” Pero no quiso porque le daba vergüenza y además iba a parecer que quería robar.
Mientras discutíamos que hacer escuchamos ruidos en la casa, gente que conversaba abajo y nos empezamos a impacientar, al mismo tiempo el abuelo que escuchaba nuestros gritos preguntaba que pasaba y quería subir a fijarse si estaba todo en orden.
Se me ocurrió buscar una silla, y dársela para que alcance el borde de la pared y pueda saltar. Para nuestra desgracia tenia que pisar el borde del respaldo y el miedo no la dejaba hacerlo. Ya cansada de tantos intentos salte al otro lado, y le sostuve la silla y logró pasar al otro lado; ahora me tocaba a mí, sin pensar mucho pise el borde y pase la pared.
Ahora había que recuperar la silla y las varas de metal de la terraza vecina.
Pudimos recuperar la silla pero lo demás quedo ahí.
Después de haber pasado toda la tarde en esta aventura, bajamos tentadas de risa y merendamos conversando sobre todo lo sucedido.

Lucía C. Molina


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del.icio.us
jaajaja
si me acuerdo de esa anecdota...
la verdad que muy graciosa!..
lindo posteo!!!
BEsos
Vicky — 24-05-2008 - 14:43:03 GMT -3
ajajaj muy buena la anecdota Luu, la verdad que re aventureras lo suyo, siempre quise hacer algo asi como saltar a la terraza de mi vecina, pero como realmente me llevo MUY MAL con ella, no creo que termine bien la aventura jajaja, barbaro el comentario.
besito
sofi — 07-06-2008 - 16:22:44 GMT -3